Ella subió al bus. Estaba todo abarrotado y lleno de gente. Llevaba su
celular cuidadosamente protegido.
De pronto sube una mujer atolondrada y violenta . Entre escándalos y empujones se abre paso entre la multitud. Rostro lejano, cansado e indiferente. Muchos bolsos la vestían y una frialdad que invitaba a alejarse.
Ella la mira, pone los ojos en blanco y le da paso. Pobre, que mujer para mas extraña, pensó. ¿Quién le puede decir algo? ¿qué pesares habrá soportado hoy? ¿qué angustias la acompañarán?
Es mejor dejarla ahí, entre su ira y su locura.
Cuatro cuadras más, destino final cerca. Ella debía bajar. Permiso permiso, bajan bajan. Y finalmente, Ella estaba libre del sopor, de la multitud. Sintió el aire fresco de esa tarde soleada en su rostro. Antes de cruzar bajo la mirada. El bolso estaba abierto.
Allá se iba el bus, con la mujer atolondrada y su celular entre sus manos. En un instante, su sensación de libertad, pasó a la cólera y la impotencia, a la angustia y la rabia.
Sus mensajes, sus fotos, su redes... todo ahora en manos de la mujer atolondrada.
Mañana será otro día. Mañana Ella deberá subir nuevamente a un bus, y así mil mujeres atolondradas suban, ya estará muy pendiente. Sin teléfono, sin WhatsApp, sin Instagram ... hasta mañana. Bye
(Ilustración de Kelly Vivanco)
De pronto sube una mujer atolondrada y violenta . Entre escándalos y empujones se abre paso entre la multitud. Rostro lejano, cansado e indiferente. Muchos bolsos la vestían y una frialdad que invitaba a alejarse.
Ella la mira, pone los ojos en blanco y le da paso. Pobre, que mujer para mas extraña, pensó. ¿Quién le puede decir algo? ¿qué pesares habrá soportado hoy? ¿qué angustias la acompañarán?
Es mejor dejarla ahí, entre su ira y su locura.
Cuatro cuadras más, destino final cerca. Ella debía bajar. Permiso permiso, bajan bajan. Y finalmente, Ella estaba libre del sopor, de la multitud. Sintió el aire fresco de esa tarde soleada en su rostro. Antes de cruzar bajo la mirada. El bolso estaba abierto.
Allá se iba el bus, con la mujer atolondrada y su celular entre sus manos. En un instante, su sensación de libertad, pasó a la cólera y la impotencia, a la angustia y la rabia.
Sus mensajes, sus fotos, su redes... todo ahora en manos de la mujer atolondrada.
Mañana será otro día. Mañana Ella deberá subir nuevamente a un bus, y así mil mujeres atolondradas suban, ya estará muy pendiente. Sin teléfono, sin WhatsApp, sin Instagram ... hasta mañana. Bye
(Ilustración de Kelly Vivanco)
Comentarios
Publicar un comentario