Un príncipe lejano e independiente mira a
Cinderella entre las mas bellas mujeres del reino. Ella agacha la mirada
porque sabe de su buen corazón, lo ha mirado muchas veces y conoce de
su nobleza con los habitantes del reino. Además, no viste trajes mágicos ni zapatos de cristal. Ella no tiene un hada madrina hacedora de falsas apariencias.
El Príncipe la observa callado y se anima a escribirle una carta sencilla pero intensa. Cinderella lo lee y su corazón palpita. Sale en su búsqueda; pero se promete conocerlo primero porque por mas príncipe que sea, ella no espera sufrir de amor.. ya mucho sufrimiento ha tenido en su infancia y en su casa. Es tiempo de ser feliz, se dice.
Se encuentran cerca al Santuario del Santo. Él llega al lugar nervioso, ella asume que es por lo tenebroso y oscuro del lugar. Un par de palabras y Cinderella piensa que se equivocó de príncipe. Al que había observado, no lo sentía presente en ese apartado lugar; sin embargo decide darle mas tiempo. Caminan a la luz de la luna y conversan mas. Ambos están menos nerviosos, y por arte de magia -o complicidad de la Luna- el diálogo fluye y las risas también.
Llegan las 12, ella debe partir a casa. El le coge la mano y desde ese momento, ella descubre que esas manos ásperas y fuertes, encajan perfectamente con las suyas ... ella ha empezado a pensar en él, ha empezado a ser feliz nuevamente.
No se puede decir colorín colorado, porque esta historia aún no ha terminado.
Aún el Príncipe y Cinderella se están conociendo y no hay zapatos, ni hadas, no hay hermanastras que impidan sus deseos.
...to be continued
El Príncipe la observa callado y se anima a escribirle una carta sencilla pero intensa. Cinderella lo lee y su corazón palpita. Sale en su búsqueda; pero se promete conocerlo primero porque por mas príncipe que sea, ella no espera sufrir de amor.. ya mucho sufrimiento ha tenido en su infancia y en su casa. Es tiempo de ser feliz, se dice.
Se encuentran cerca al Santuario del Santo. Él llega al lugar nervioso, ella asume que es por lo tenebroso y oscuro del lugar. Un par de palabras y Cinderella piensa que se equivocó de príncipe. Al que había observado, no lo sentía presente en ese apartado lugar; sin embargo decide darle mas tiempo. Caminan a la luz de la luna y conversan mas. Ambos están menos nerviosos, y por arte de magia -o complicidad de la Luna- el diálogo fluye y las risas también.
Llegan las 12, ella debe partir a casa. El le coge la mano y desde ese momento, ella descubre que esas manos ásperas y fuertes, encajan perfectamente con las suyas ... ella ha empezado a pensar en él, ha empezado a ser feliz nuevamente.
No se puede decir colorín colorado, porque esta historia aún no ha terminado.
Aún el Príncipe y Cinderella se están conociendo y no hay zapatos, ni hadas, no hay hermanastras que impidan sus deseos.
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