Cuatro de la tarde, un día de primavera, en un lejano bosque ...
Ya en el Refugio, la lechuza y el ratón se miran. La diferencia de tamaños y cuerpos es notoria. El ratoncito intenta complacer a la lechucita pero es tan chiquito que no se siente capaz. Sin embargo, a ella no le importa, ella es feliz con solo estar a su lado, ella es feliz con solo la mirada del ratoncito, ella es feliz con solo saber que él está ahora con ella.
Ambos están nerviosos, pero a la vez emocionados. Finalmente están solos, luego de varios intercambio de mensajes nocturnos, luego de varias comunicaciones apasionadas, finalmente juntos. Tienen poco tiempo antes de que el sol nuevamente aparezca... y son felices.
Sin embargo, algo inesperado sucede. Ella es un lechuza, él es un ratón, y su instinto animal logra dominarla. En un arranque de "cordura", ella siente su piel sabrosa, huele su sangre caliente y lo devora. No le da tiempo al ratoncito a reaccionar. Ella se lo traga sin mayor vacilación... y a los minutos, sale el sol.
No sabemos que es ahora de Lechu, sólo podemos decir que Ratoncito vive dentro de ella aún. Ella lo recuerda siempre y se arrepiente de ese instante de locura irracional. Se lamenta no haber podido dominar ese instinto; pero ya es tarde. Su único consuelo es el recuerdo de la última mirada de Ratoncido, que frente al peligro, nunca la dejo de mirarla con amor.
- Lechu, hola, finalmente
- Hola Ratoncito ¡que nervios!
- ¿Nervios? ¿por qué? no temas Lechu
- Sabes Ratoncito, nunca antes había salido con un animalito como tú.
Casi no te conozco, y tampoco a otros ratones como tú - Tranquila Lechu, tampoco es que yo salga todos los días con una lechuza ¿no?
- Hay Ratoncito, estoy muy nerviosa, no puedo controlarme
- Lechu, me alegra que estés acá, me alegra que finalmente nos veamos
- Si Ratoncito, me siento igual; pero también me da miedo
- ¿Miedo? No te haré daño Lechu
- No Ratoncito, tengo miedo de hacerte daño
- Mira Lechu, mientras seamos sinceros y digamos lo que pensamos, todo estará bien
- Me haces bien Ratoncito, mucho bien
- Tú también Lechu
- No sabes como he estado esperando este día Lechu. No se que hice para que te fijes en mi. No sé que he hecho para merecer tu atención y cariño
- Ratoncito, soy yo la que se siente afortunada a tu lado. Pensé que no podía estremecerme, palpitar y emocionarme así. Tú generas todo esto en mi Ratoncito
- ¡Que no se acabe nunca Lechu!
- ¡No se acabará nunca Ratoncito, nunca!
- ¿Y si conoces a un Buho y te enamoras?
- Seguiré a tu lado Ratoncito, siempre a tu lado
- Lechu, Lechu, me haces feliz, me das paz y calma
- Gracias Ratoncito, eres muy especial para mi
- Nos vamos Lechu
- ¿A donde Ratoncito?
- Al Refugio Lechu, vamos al Refugio, quiero tenerte mas cerca
- ¿Puedo hacerte una pregunta Ratoncito?
- Claro Lechu
- ¿Qué es eso que brilla en tu patita?
- Es un aro Lechu, no significa mucho, tú eres mi Lechu
- Te creo Ratoncito, te creo y te quiero!
- Gracias Lechu, me siento halagado
- De nada Ratoncito, de nada
- Aunque siento que he llegado muy tarde a tu vida Ratoncito
- Nunca es tarde para nada Lechu
Ya en el Refugio, la lechuza y el ratón se miran. La diferencia de tamaños y cuerpos es notoria. El ratoncito intenta complacer a la lechucita pero es tan chiquito que no se siente capaz. Sin embargo, a ella no le importa, ella es feliz con solo estar a su lado, ella es feliz con solo la mirada del ratoncito, ella es feliz con solo saber que él está ahora con ella.
Ambos están nerviosos, pero a la vez emocionados. Finalmente están solos, luego de varios intercambio de mensajes nocturnos, luego de varias comunicaciones apasionadas, finalmente juntos. Tienen poco tiempo antes de que el sol nuevamente aparezca... y son felices.
Sin embargo, algo inesperado sucede. Ella es un lechuza, él es un ratón, y su instinto animal logra dominarla. En un arranque de "cordura", ella siente su piel sabrosa, huele su sangre caliente y lo devora. No le da tiempo al ratoncito a reaccionar. Ella se lo traga sin mayor vacilación... y a los minutos, sale el sol.
No sabemos que es ahora de Lechu, sólo podemos decir que Ratoncito vive dentro de ella aún. Ella lo recuerda siempre y se arrepiente de ese instante de locura irracional. Se lamenta no haber podido dominar ese instinto; pero ya es tarde. Su único consuelo es el recuerdo de la última mirada de Ratoncido, que frente al peligro, nunca la dejo de mirarla con amor.
- FIN -
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